Hace más de una década viene soñando con un proyecto colectivo en el que pueda desarrollar su impronta. Sueña casi tanto como se entusiasma o, en realidad, lleva un sueño en cada entusiasmo.

Entiende que en la vida el carácter es fundamental y que dominar la voluntad, dominar el esfuerzo, tener perseverancia en lo que hace, tiene un enorme valor.

Pablo Giraudo, el protagonista de esta historia, se levanta temprano al menos seis de los siete días de la semana porque de lunes a sábado a las 7 de la mañana ya está en Autoservicio Mayorista Don Emilio, lugar donde permanecerá hasta las 19 (almuerzo en el lugar para aprovechar el tiempo al máximo). Cada mañana cuando apenas pone los pies en el piso comienza a empujar sueños y esperanzas. Entre Don Emilio, el tambo y la fábrica de quesos hay 120 empleados y semejante responsabilidad lo necesita, junto a su hermano Gabriel, pensante, pero al mismo tiempo hiperactivo, tomando decisiones en cada jornada. Está convencido que en el intento de la madurez, se aprende que hay cosas que no se borran nunca. Va para adelante, convencido de llegar al objetivo, sin atajos, y buscando que el recorrido siempre lo encuentre acompañado con gente que -aunque piense diferente en algunas cuestiones secundarias- tenga las mismas ganas de aportar a un proyecto grande, superador, sostenible, que perdure en el tiempo.

-Llegué al club como ocurre con casi todos los padres; de la mano de los hijos. Mi hijo jugaba en Sparta y tras un roce de pibes con un compañero surgió la posibilidad de llevarlo a Ameghino. Sandunga Deulofeu (Jorge) me volvía loco, que venga al club, tráelo. Y así comenzó. El ya no juega, aunque sigue estando, yo metido de pies a cabeza. En esa época, uno de mis hijos se quedó jugando en Sparta, otro en Ameghino y años más tarde se sumó al León el menor de la dinastía, hoy está en Sub-13. Hoy todos somos Ameghino, no quedan dudas, no?

 

Comencé en la dirigencia cuando corría el año 2009 a través de Jorge Deulofeu, ayudándole a conseguir auspiciantes para la campaña en el Provincial de Clubes “B” de la Federación Cordobesa de Básquetbol. Recuerdo que ese año fuimos campeones. A mis hijos les abrieron las puertas, y a mí me hicieron sentir cómodo, tuve participación y de pronto me encontré siendo dirigente del club, sin proponérmelo.

Siempre me agradó la actividad en las instituciones, antes había estado en el Consejo de Ciencias Informáticas. Mi padre había sido tesorero del Centro Vasco, también con participación en el Círculo Italiano.

-Ya pasaron 11 años de aquella primera experiencia dirigencial. ¿Imaginó quedarse tanto tiempo?

-Cuando uno llega a los clubes sabe que está llegando, pero nunca imagina cuando será el final. Y la verdad es que más allá de algunas contrariedades que siempre aparecen y causan enojo, estoy muy cómodo, con ganas y un gran entusiasmo. Renegamos todos los días, pero siempre son más las satisfacciones que los malos momentos. Cuando esto (el club) te falta, lo extrañás y retomás la acción con renovados bríos.

-Enseguida se notaron sus ganas y las de todo el grupo dirigencial.

-El gran salto cualitativo lo dimos en el 2010 cuando llegó Pablo (Castro). Venía de otra estructura, con muchas herramientas que nosotros no manejábamos. Tomamos una decisión difícil en ese momento, porque teníamos el técnico (Darío Arrigoni) con el que habíamos sido campeones y apostamos por cambiar, con la contratación y el arribo de Pablo Castro.

-El comienzo del ciclo de Pablo Castro fue complicado en materia de resultados y lo sostuvieron.

-Síiiii. Recuerdo que ganamos uno o dos partidos y después perdimos 13 juegos consecutivos. No lo podíamos creer. El puso la renuncia a disposición y con “Sandunga” (Deulofeu) y otros directivos le pedimos que no se fuera, diciéndole que estábamos convencidos de su trabajo, que queríamos que siguiera, que los resultados iban a llegar. En esa época se inició una nueva etapa, se acabaron los privilegios, comenzó una manera diferente de entrenar. Perdimos a varios jugadores que estaban mal acostumbrados, en realidad después no jugaron más, prácticamente se alejaron del básquetbol. Nos costó ese cambio, pero después todo fue en ascenso.

-Cuando las instituciones tienen una figura muy fuerte como la suya, generalmente el modo de conducción es verticalista y eso hace que algunos colaboradores se alejen. No parece ser el caso de Ameghino.

-En Ameghino hay dirigentes que permanecen de aquella época o están desde antes que yo llegara como Germán González o Charles Genre, por ejemplo. Y los que se fueron es porque sus hijos ya no están y esto suele ser determinante. Son padres que acompañan el crecimiento de sus hijos y que jamás imaginaron convertirse en dirigentes. Entonces cuando ese vínculo del hijo con el club concluye es casi lógico que se produzca un alejamiento. En cuanto a lo del verticalismo, a veces es necesario, porque hay que tomar determinaciones rápidas, urgentes. A mí me han otorgado un poder de decisión, pero las decisiones no las tomo solo, consulto, evalúo y luego actúo.

El fin de semana, por ejemplo, decidimos reconvertir un espacio y para ello era necesario derrumbar los viejos asadores para dar paso a una nueva estructura. Y estábamos todos o casi todos los dirigentes, acompañados de entrenadores y padres divididos en turnos de dos horas con picos y otras herramientas para voltear esos ladrillos.

Este proceso de modernización del club y aprovechamiento de los espacios obligó a decisiones con un cierto grado de complejidad.

-Lo de la cancha de bochas es un ejemplo. En el primer piso convertimos lo que eran las canchas de bochas en una cancha alternativa de básquetbol. Nosotros teníamos sólo cinco bochófilos que permanecían jugando y un centenar de chicos que necesitaban su propio espacio para practicar básquetbol. No fue una decisión que tomamos de la noche a la mañana, porque reunimos a los bochófilos, los consultamos, les pedimos si podían sumar alguna propuesta para afrontar el inconveniente que teníamos. No obtuvimos soluciones y fue entonces que decidimos avanzar. Ahora contaremos con otro espacio. Hace dos años que hicimos la última pollada. Para que tengan una idea, hoy una pollada o un locro grande que nos demanda todo el tiempo allí nos deja los mismos ingresos económicos que si lo tercerizamos. Con esta decisión de aprovechar esos metros en el club estamos ganando porque además de brindarle trabajo a gente en el club hay más metros disponibles para actividades que lo están reclamando.

-El club fue cambiando. La fisonomía es totalmente diferente. Aprovecharon la inactividad deportiva por la emergencia sanitaria (Covid 19) para trabajar fuertemente en infraestructura.

-Apostamos por un club de jerarquía, de alto vuelo. Ameghino vivió muchos años del dinero que ingresaba por los bailes, una época imborrable para muchos, pero que definitivamente pertenece al pasado. Hoy sería imposible pensar en bailes o recitales en Ameghino.

Avanzamos  decididamente a fortalecer el proyecto con el Manual del Club, con actividades virtuales a través de Zoom, ahora contamos con nuevas salas para la nutricionista y el psicólogo. No tenemos una manzana completa, el club es chico. Cuando llegamos había veinte espacios para guardar chatarra y hoy seguimos pensando en redimensionar cada espacio. El Manual ofrece la oportunidad de conocer reglamentos internos del club tanto para jugadores profesionales como para reclutados, filosofías planteadas, estructuras que hacen al club por fuera del deporte y enfocadas en lo educativo, entre otras tantas cosas.

-En el deporte casi siempre mandan los resultados y no hay paciencia para proyectos a largo plazo. Ustedes ya llevan una década de desarrollo y crecimiento y lo mejor parece que estuviera por llegar.

-Hemos planificado todo lo que pudimos y vamos tratando de cumplir con los objetivos. El año que perdimos la final del Provincial A fue muy duro, pero a los tres días de haber cerrado ese torneo nos pusimos a trabajar para conformar el plantel de la temporada que seguía para ir por el ascenso.

Cuando contratamos a alguien buscamos que se identifique con el proyecto, que respete nuestras normas, que nos defienda. Hoy no traeríamos a una figura que no encaje dentro de lo que pretendemos, queremos que los que vengan además de ser buenos jugadores, ayudantes, auxiliares, profesionales, sean personas de bien, que ayuden a crecer a todos, pero por sobre todo a los más chicos, a los pibes que optan por jugar en las divisiones formativas de Ameghino.

-¿El objetivo deportivo de Ameghino es llegar a la Liga Nacional, la máxima categoría del básquetbol argentino?

-Cuando buscamos competir con muchos chicos, lo hicimos. Nos costó bastante, queríamos evitar el descenso e ir acomodándonos en la categoría. Sufrimos, nos salvamos arañando, aunque después no hubo descensos. Después intentamos ir más arriba y ahora estamos abocados a luchar por el ascenso a la Liga Nacional. En la máxima categoría hay presupuestos que nos triplican, pero personalmente no me fijo demasiado en ello, porque esto es deporte no una operación matemática.

-La base estructural se fue extendiendo, cuentan con profesionales en todas las áreas. Además de los entrenadores y los preparadores físicos hay médicos, nutricionistas, psicólogos, especialistas en cuestiones de marketing y hasta en aspectos jurídicos.

-Esto es parte de la proyección, de lo que planificamos para ser un club de Liga Nacional de Básquetbol. El único rubro que nos quedaría cubrir sería del mánager, es una tarea que actualmente me toca desempeñar, pero me gustaría que lo hiciera una persona que pueda estar dedicada a un total seguimiento de lo que necesita Ameghino.

-El proyecto es ambicioso. ¿El acompañamiento de la gente es algo pendiente?

-El último año el número de gente que concurrió a ver el equipo creció. Los villamarienses somos muy especiales. No son pocos los que sostienen vamos a ver cuánto duran, ya se les van a acabar las ganas o el dinero, pero en los últimos tiempos me parece que empezamos a cosechar lo que sembramos, que demostramos que el proyecto es serio. Personalmente entiendo que alguien que trabaja todo el día, que está cansado o atormentado por las realidades que le toca afrontar no elija ir a ver un partido. Pero quizás esa misma persona cuando te cruza te alienta a seguir, te desliza algún comentario que fortalece. Eso también es valioso, el reconocimiento, que lo hemos tenido.  Nosotros más allá de los resultados estamos en la búsqueda de afianzar el proyecto, de consolidar una imagen de trabajo.  Tenemos una línea de juego que baja desde el plantel superior hasta las categorías menores y una filosofía de trabajo totalmente incorporada.

-¿Cómo es eso que en Ameghino la palabra vale?

-Tanto como un contrato. De los jugadores comprometidos a jugar en Ameghino en la próxima temporada todavía ninguno firmó el contrato correspondiente. Seguro que lo haremos cuando llegue el momento, porque así debe ser, todo legal, pero a lo que me refiero es que estamos convencidos que ninguno se irá a otro club, que lo que hablamos se cumple, porque nosotros además de las condiciones técnicas de un jugador también nos fijamos (y mucho) en su calidad de persona.

-Paralelamente Ameghino está retomando su actividad en el básquetbol femenino.

-El otro día escuché una frase que decía “tengo un placard lleno de errores” y se aplica a esto. Uno de esos errores fue pensar que a través de la Liga Femenina podríamos resurgir el básquetbol. Y esto no nos dio resultado, por eso cambiamos el enfoque y la estrategia. Ahora comenzamos de abajo para arriba, con la intención que en algún momento podamos volver a la Liga pero con una base propia construida desde las inferiores. Tuvimos que jugar la Liga de Desarrollo con chicas de Tío Pujio porque no teníamos jugadoras propias. Lo que hizo “Chuncho” Mutigliengo (Diego) en Tío Pujio es tremendo. Ahora Silvi su hermana quedó al frente del proyecto y nosotros pensamos si ellos pudieron en un pueblo como no podemos replicarlos nosotros aquí con muchas más chicas a las que tenemos que interesar para jugar al básquetbol en Ameghino. Jugaron Provinciales, Nacionales, un trabajo envidiable el de “Chuncho”, como muy pocos en el país. Hay unas cien chicas que practican patín y estamos pensando que con la misma cuota también algunas de ellas podrían sumarse a los planteles y desarrollar una doble actividad. El horizonte es ese, un crecimiento desde las bases con el femenino. La incorporación de la entrenadora Daiana Di Benedetto apunta a eso, viene precedida de muy buenos resultados de Quilmes de Mar del Plata.

-¿Los pibes que juegan básquetbol en Villa María eligen Ameghino?

-No, todavía no, optan por otros clubes, van a Oliva o otros destinos y aún no nos ven como una posibilidad de jugar básquetbol más cercano al profesionalismo. Es una deuda pendiente, que irá cambiando con el paso del tiempo. Estamos a punto de anunciar un proyecto conjunto con Unión Central. Nosotros queremos que todos sigan creciendo y compitiendo y que el día de mañana podamos conformar un plantel con muchos basquetbolistas locales y de la región. Forma parte de un proyecto sustentable. Ya lo hizo Unión Central en 1986 cuando contrató norteamericanos. De afuera eran sólo ellos, los demás jugadores del plantel eran del club. Si trabajamos todos juntos es muy probable que Villa María y la región puedan tener a más equipos jugando en categorías o torneos superiores.

-Por momentos parece que están más apurados por ver a Ameghino en la Liga Nacional los que no pertenecen al ámbito del básquetbol.

-El villamariense a veces critica, cuestiona, pero la sociedad está ávida de un proyecto deportivo sostenible y en el más alto nivel, que esté en la elite. Ya no está más el vóleibol, Alumni ya no juega en los torneos argentinos y ahí aparece Ameghino, por eso quizás el apuro. La Liga Argentina es muy exigente, muy competitiva, son 28 clubes y hay un solo ascenso. Eso la gente que no es del básquetbol tiene que saberlo. Aparecieron algunas plazas en venta para la Liga Nacional, lo sabemos y se nos menciona, porque de nuestro proyecto se habla en el ámbito de básquetbol nacional, pero nosotros no hicimos ni haremos ninguna llamada. No nos interesa comprar una plaza, preferimos ganarla por mérito deportivo e invertir ese dinero que cuesta un lugar en la máxima categoría en infraestructura para el club.

Pablo Giraudo, con muchas ocupaciones, entusiasmos, proyectos y un desvelo: llevar a Ameghino a la Liga Nacional. Bien arriba. No es un impulso, es un proyecto, es una escalera que quiere subir peldaño a peldaño. Lleva más de una década mirando y aprendiendo, extendiendo la base de la pirámide.

Pablo Giraudo sueña casi tanto como se entusiasma o, en realidad, lleva un sueño en cada entusiasmo.

Alberto Arce (p)

Print Friendly, PDF & Email