Por Alberto Arce (p).

El viernes 17 en Posadas (Misiones) había ganado “la pelea de su vida” venciendo por puntos nada menos que a la campeona mundial Jesica Bopp y el lunes ya estaba entrenando en el Gimnasio “Alcides Rivera” bajo la conducción de su entrenador, Leonardo Rivera.

“La Profeta” Juliana Basualdo venía de una victoria trascendente que sacudió el ambiente del boxeo femenino y fiel a su actitud de los últimos años pocas horas después ya estaba nuevamente entre sogas, bolsas, guantes, peras, espejos.

Una carrera amateur con 40 presentaciones, una incipiente campaña profesional y una historia de vida con enormes dificultades ya formaban parte del ayer. Sabe que lo que más importaba es el hoy, trabajando para un mañana mejor.

Con una sonrisa desbordante y contagiosa, producto de la felicidad de un presente feliz, se prestó al diálogo con VILLA MARIA NOTICIAS (DIARIO DEPORTIVO DIGITAL) y FM Sport (91.7).

-Cuando mi entrenador (Leonardo) Rivera me comentó sobre la posibilidad de enfrentar a Jesica Bopp ni lo dudé y enseguida le dije que sí. Porque si bien había una chance de pelear por el título sudamericano, eso podía esperar. Leonardo (Rivera) me empezó a explicar que combatir con Bopp era conveniente y ni siquiera hizo falta que me convenciera, porque apenas me lo comentó, interiormente ya lo había decidido: quería tener a la campeona del mundo enfrente.

-En la previa Bopp no aparecía como una rival accesible. Tenía una sola derrota y es la dueña del título mundial…

-Es cierto. Pero también lo es que yo ya había realizado sesiones de guantes con campeonas mundiales como (“La Capricho”) Nazarena Romero y Micaela Luján (“La Princesita”) y frente a ambas me sentí muy segura. A veces la vida te pone frente a oportunidades que son impensadas y que hay que aprovechar. La pelea con Bopp era uno de esos casos.

-¿El desarrollo de la pelea fue cómo lo imaginó?

-Sí. Totalmente. Traté de mantenerla lejos con el jab de derecha (Basualdo es zurda) procurando que no se acercara a la corta y media distancia. Creo que lo conseguí en un buen trámite del combate y cuando llegó fue porque se lo permití y me prendí, quizá innecesariamente. Eso ocurrió después que comprobé que sus manos no tenían la potencia que puede tener una boxeadora de una categoría gallo. Ella fue campeona en minimosca, pero eso fue hace ya algún tiempo, luego se produjo su alejamiento y cuando intentó volver debió hacerlo en esta división. De estas circunstancias estuvo atento Leonardo Rivera y por eso aceptó la pelea. Estaba en lo cierto.

-¿Vio varias peleas de Bopp previo a su enfrentamiento en Posadas?

-Un par de peleas, no más, para no confundirme demasiado. Una cuando ganó el título y luego la última. Sabía lo que debía hacer y traté de no apartarme del plan de pelea, aunque ahí arriba no es sencillo tener todo bajo control y muchas veces el temperamento puede más que la razón.

-¿Cuáles considera fueron las razones que determinaron su triunfo frente a Bopp?

-La decisión de ir a buscarla desde el inicio, de asumir la iniciativa, de apoyarme en un plan de pelea y ejecutarlo durante casi todo su desarrollo.  Digo casi, porque me prendí un par de veces y no debí hacerlo. Siempre traté de anticiparla y complicar su estrategia.  Todo eso fue posible porque más allá de las razones que se cruzaron en el último mes (COVID-19, una tendinitis en la mano derecha y la infección de una muela) estuve y estoy muy bien preparada física y mentalmente. El mes previo a enfrentar a Bopp me pasaron todas. Por todo eso también disfruté muchísimo de la victoria.

-A la hora que alguien se de una vuelta por el gimnasio seguro se encuentra con usted…

-(Jajajaja) sí….lo que ocurre que además de entrenar de manera profesional, como debe hacerlo alguien que tiene pretensiones de llegar bien arriba, doy clases de gimnasia, entonces estoy en movimiento casi todo el día. Y eso suma. Si alguien me gana es porque tiene mejores condiciones o pega más fuerte, o boxea mejor, pero no porque yo no esté en buena forma.

-¿Y ahora que espera que llegue en materia de combates?

-Quiero pelear por el título argentino, el sudamericano y obviamente por el título del mundo. Pero no soy yo quien maneja esas posibilidades. Lo que viene no será tan fácil, porque después de ganarle a Bopp habrá que ver quien se anima a enfrentarme (se ríe con ganas).

A los 30 años, con dos hijos (Tiago y Emily), Juliana Basualdo quizás por primera vez en mucho tiempo observa en el horizonte la posibilidad de un futuro mejor. Entrena y corre hacia él, esquivando golpes como lo hizo siempre y abriéndose camino hacia una esperanza. “La Profeta” asegura que “Todo lo puedo en Cristo, que me fortalece” (Filipenses 4: 13 en La Biblia).

Está feliz y se merece este estadío que la reconforta, la desborda y la tiene exultante. No todas las noches se le gana a una campeona del mundo. No todas las noches el sueño le regaló esperanzas como en las últimas madrugadas del otoño y las primeras de esta primavera.

 

 

 

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