No hay básquetbol
No hay deportes
No hay vida, sino somos herederos de una memoria.
Y hoy en esta jornada de distinciones, de emociones, de logros en educación, en el deporte y en la solidaridad nos visita en el recuerdo el inolvidable Diego Mutigliengo, el querido “Chuncho”.

EL, como pocos, nos enseñó que en las alegrías de la vida uno no abraza a otro por hábito, sino porque está claro que el otro, por un segundo, no es otro sino la prolongación de uno mismo. Se lo transmitió por años a sus panteritas y lo aprendimos para siempre.

Conoció la belleza de todos los paisajes que giran alrededor de una pelota naranja y, sobre todo, verificó que en el país de asombros que crece entre dos aros caben los trazos básicos de la condición humana: esperar, desesperar, poner el cuerpo, pegar un grito, tragarse otro, soportar el abrazo abrumador de una mala sangre, disfrutar de una felicidad, ganar, empatar, perder, volver a empezar.

Por este este lugar de sabidurías acumuladas y en medio de educación, triunfos y solidaridad rescatamos el pasado, vivimos el presente y nos aventuramos a sostener que estamos viviendo el futuro a través de los rostros de cada uno de ustedes.
Alimentémonos de muchas preguntas y en la búsqueda de las respuestas dediquémonos a vivir intensamente. Eso es lo que Chuncho querría para cada uno de ustedes.

 

(Escrito leído en el Centro Cívico de Tío Pujio en ocasión de la entrega de distinciones a alumnos y deportistas solidarios de la localidad por parte de la Cooperativa de Servicios Públicos, Vivienda y Crédito Tío Pujio Ltda. Se realizó un homenaje póstumo a Diego Mutigliengo). 

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