“De estar afuera del top 100, hoy es número 71 del mundo, lo que le permite jugar el cuadro principal de los Grand Slam sin necesidad de pasar por la qualy”, destacó Gaich sobre su dirigida

 

El coach villamariense de la brasilera Beatriz Haddad Maia, número 71 del mundo, participará desde el 15 de enero en el Abierto de Australia 2018

Germán Gaich, exjugador del Sport y actual entrenador de la tenista número 71 del mundo, la brasilera Beatriz Haddad Maia, se apresta a comenzar una nueva gira con su pupila, ya que a partir del 15 de enero participará del Abierto de Australia 2018 cumpliendo así un sueño dorado, el de haber participado como coach en los cuatro Grand Slam del circuito profesional.

A raíz de un año que se viene cargado de desafíos para Gaich, EL DIARIO dialogó con el entrenador, quien además contó algunos detalles de color sobre lo que significa el roce con las grandes figuras del tenis mundial.

-¿Qué calendario tienen planeado con tu pupila?

-Debutamos ahora en Auckland, Nueva Zelanda y después viajamos a Hobart, Australia. El tercer torneo ya es el Abierto de Australia, el primer Grand Slam del año. De ahí volvemos y ella se va a jugar la Copa Federaciones con Brasil, a principios de febrero. Tras eso tenemos toda la gira por Norteamérica, jugando en Acapulco, Indian Wells, Miami y Charleston. Una vez terminado eso arrancamos para Europa, donde probablemente Beatriz juegue en Stuttgart, después en Madrid y Roma, antes de Roland Garros y Wimbledon. Después de eso no tenemos nada confirmado todavía.

 -¿Cómo se siente completar los cuatro Grand Slam como entrenador?

-Es una sensación hermosa. Algo que por ahí me lo imaginaba, como un anhelo por cumplir, pero que cuando estas cerca de hacerlo no caés. Como que no lo pensás y la verdad que es algo muy importante y muy lindo de poder hacerlo. Me genera una gran satisfacción.

 -¿Cómo definirías a Beatriz como jugadora?

-Es una jugadora ofensiva. Es de salir a proponer, a atacar, a no quedarse esperando. Es decir, está lejos de ser conservadora, le gusta tomar la iniciativa y en base a eso ir acomodándose al partido.

-¿Has visto una evolución importante en este año de trabajo?   

-Sin dudas. Ha ido evolucionando en lo técnico, en lo físico y en lo mental. Tratamos de trabajar mucho en lo que es buscar la tranquilidad de ella, entrenar duro, pero sin descuidar la parte psicológica, donde por ahí tenía algunos baches. Lo típico: caer en la ansiedad al verse en un mal momento del partido, en desconcentrarse. Por suerte eso lo hemos podido ir superando y se reflejó en los resultados. De estar afuera del top 100, hoy es número 71 del mundo, lo que le permite entre otras cosas jugar directamente el cuadro principal de los Grand Slam sin necesidad de pasar por la qualy. Se está haciendo conocida, incluso las otras jugadoras la invitan cada vez más seguido a jugar dobles, te das cuenta de que la respetan. Estamos muy bien.

-¿Cómo es ese universo de estar recorriendo el mundo en tantos torneos de nivel?

-Es un ámbito muy agitado, ultraprofesional. Vivís moviéndote permanentemente, jugando, entrenando, planeando los partidos. Igual siempre buscamos que no sea todo solo tenis, intentar salir un poco a conocer para mantener la cabeza fresca. Pero sí, se trabaja muchísimo. En general es un ambiente muy lindo, te tratan súper bien, la organización de los torneos es excelente, otro mundo. Aunque claro, a uno se le pasa muy rápido todo en el trajín de la competencia.

-¿Tenés oportunidad de cruzarte con las estrellas del tenis en los torneos grandes?

-Sí, todo el tiempo. Pero tampoco es que podés mantener una relación. Primero porque los top 10 y las estrellas como Federer o Nadal se mueven con bastante gente alrededor. Tienen equipos grandes y por una cuestión de respeto no me gusta molestarlos pidiéndoles una foto y esas cosas. Aparte los ves que están muy metidos con los entrenamientos, la preparación. Son profesionales las 24 horas. Usualmente me junto más con los argentinos, ahí sí compartimos, la pasamos bien. Hicimos un grupo muy lindo.

-¿Qué sensaciones te genera cruzarte, por ejemplo, con Federer o con Nadal?

-Es muy fuerte. Ocurre seguido, en el vestuario o en los pasillos, en el restaurante, etcétera. Más allá del hola y chau, no he podido decirles más nada. Los miro y me quedo con la boca abierta. No sé cómo explicarlo, es como que a los tipos los rodea un aura especial. Entran ellos al vestuario y como que el ambiente cambia, se paraliza. Son muy grandes. Djokovic o Murray también despiertan algo, pero sobre todo Roger y Rafa. No sé, tienen algo.

-¿Disfrutas este nuevo estilo de vida de viajar por el mundo y vivir del tenis? 

-Muchísimo, estoy muy contento de poder hacerlo. Sé aparte que es el momento, a mis 30 años, sin hijos, porque después no sabés si podés mantener este ritmo. Y no solamente por poder trabajar de lo que a uno le gusta y codearse con monstruos del tenis mundial. También por el hecho de conocer lugares todo el tiempo, distintas culturas. Es algo muy rico para el ser humano. Es cierto que también uno deja de lado varias cosas, momentos con la familia, con los amigos, festejos de cumpleaños, casamientos y esas cosas. A veces uno extraña, ni hablar. Pero pesa mucho más lo otro, la posibilidad de cumplir con algo que uno deseaba desde que era chico.

Fuente – foto: El Diario del Centro del País.

Print Friendly, PDF & Email
Facebooktwitter
instagram