Los discos de vinilo marcaron toda una época en la música y en los tiempos contemporáneos representan una antiguedad, sólo los más fanáticos los atesoran como piezas de colección, aferrándose a un pasado que “sonaba” mejor o que-sin lugar a dudas de esto- trae reminiscencias de momentos inolvidables para la vista, la piel y el corazón.
Esos discos de vinilo se fabricaban en simples o long play, de acuerdo a las estrategias de la discográficas y tenían un lado A y otro B.
En los simples el lado A siempre exhibía el tema pretendido para convertirlo en éxito y el lado B una canción que “acompañaba” y si tenía aceptación popular mucho mejor. Pero las diferencias estaban marcadas de antemano.
En el boxeo local hoy -pasado el tiempo- podríamos ubicar en el lado A a una legión de boxeadores que cosechó títulos mundiales, sudamericanos, nacionales y provinciales.
Por entonces, la inclusión de la mujer en el boxeo ni siquiera figuraba como proyecto en alguna carpeta de un promotor futurista.
En Buenos Aires eran tiempos de noches de Luna Park, en Mendoza de don Francisco “Paco” Bermúdez y en Villa María con Alcides Rivera, con guantes, bolsas, botas y algunos artículos más siempre dispuestos a alguna mudanza hasta recalar, luego de varias estaciones, en el viejo galpón del ferrocarril en el Parque “Pereira y Domínguez”.
Chico Novarro cantaba en “El último Round” estrofas como “Cuando ya los años se te van juntando y sentís la palma de vivir tirando.
Cuando ya los sueños no tienen polenta y sumando ausencias se te va la cuenta.
Cuando ves que pasan suspirando al lado dos que se prometen lo que vos no has dado, cuando te parece, al doblar la esquina, que ya no te junan, como ayer, las minas”.
Ese lado A del boxeo tenía por entonces a Gustavo Ballas que llegó a ser campeón del mundo, Sergio Merani, campeón argentino y sudamericano y tres veces retador a un título ecuménico, Jorge Daniel Bracamonte, y más aquí en el tiempo a Raúl Sena, ambos campeones argentinos.
Y mezclados entre ellos Hugo Quartapelle, Pedro Pablo Burki, José Ramón Cufré, Fabián Moreno, entre otros. Y Pascual Margara que merece un lugar por su entrega y su clasificación a los Juegos Olímpicos de Moscú en 1981 y a los que no asistió por el boicot al que se sumó Argentina.
Ballas, que partió joven hacia Mendoza, produjo la convocatoria deportiva más trascendente que se recuerde por estos pagos cuando procedente de aquella ciudad llegó a Villa María tras haber obtenido el título mundial supermosca (gallo juniors) el 12 de septiembre de 1981 noqueando en ocho capítulos en el mítico Luna Park al sudcoreano Suk Chul Bae.
Ballas, que luego resignó su título ante Rafael Pedroza en una calurosa noche panameña (5-12-1981) y que no pudo recuperar la corona en sus intentos ante Jiro Watanabe (29-07-1982) y Sugar Baby Rojas (24-10-1987), realizó 120 combates con 105 victorias (29 nocauts), 9 derrotas y 6 empates. Un récord colosal.
Merani (30 victorias, 14 derrotas, 5 empates), obtuvo la corona nacional de los medio pesados ante Jorge “Violín” Salgado (4-9-1992), la sudamericana frente a Rodrigo Benech (12-2-1993) y tuvo tres chances mundialistas ante Dennis Andries, Virgill Hill y Dariusz Michalzewski.
Bracamonte (38 victorias y 4 derrotas en su carrera profesional) tuvo su noche soñada en el Polideportivo “Delmi” (el Milagro) de Salta el 8 de marzo del 91 cuando noqueó en el séptimo asalto al campeón argentino Héctor Hugo Vilte arrebatándole el cinturón del peso welter.
Otro título argentino llegó a la Villa de la mano de Raúl Cena el 26 de febrero de 1994. Lo trajo Raúl Omar Sena cuando derrotó por puntos en 12 capítulos a Rubén Darío Cabral adueñándose de la corona nacional de los medianos que estaba vacante.
Sín títulos, pero con victorias consagratorias como el triunfo ante Ubaldo Sacco (luego campeón mundial) aparecía Hugo Sergio “El Pelado” Quartapelle, uno de los grandes estilistas de la época.
Toda esa “música” constituía lo mejor del lado “A” del boxeo villamariense en aquellos años dorados, de Salón de los Deportes, Monta, Antón y Eden Bar como reductos obligados tras las grandes veladas de box.
Lo que vino después fueron algunos ensayos, las coronas quedaron lejos y la convocatoria de Diego “Rocky” Giménez encendió algunas ilusiones cuando su manager Adrián López junto a Alcides Rivera obtuvieron la mejor versión de quien era una gran esperanza. Fue efímero, porque “Rocky” así lo dispuso. Tenía condiciones para llegar donde todos querían.
Luego la vida boxística en la Villa ingresó en una larga espera de nuevas promesas.
Repetir protagonistas, peleas y convocatorias como las de aquellos boxeadores, con el Salón de los Deportes como escenario natural del exigente deporte de los puños se transformó en un horizonte demasiado lejos.
Con la partida terrenal de Alcides Rivera (8 de julio de 2009) se fue mucho más que un maestro. Fue el adiós a un referente, un imán para quienes podían aspirar a un trabajo a largo plazo con los guantes y los sueños bien puestos.
Entonces…hubo que sembrar nuevamente y esperar varias estaciones para que la cosecha fuese fructífera.
Pensando en la contención social a través del Ente de Deportes se trabajó para la reapertura del boxeo y florecieron los gimnasios (llegaron a ser once), se los dotó de elementos para la práctica del boxeo, se realizaron acciones relacionadas con la salud, la educación y más adelante en el tiempo se sumaron tareas para evitar las adicciones (droga y alcohol).
La vida siguió su curso hasta este presente que despierta algunas ilusiones.
La Villa ya tiene varios profesionales. José “Puro” Paz (primero en el ranking argentino de los medianos, aspirante al título y con triunfos internacionales resonantes ante los hijos de dos leyendas, Maromero Páez y Julio César Chávez) y el noqueador Juan Manuel Taborda, invicto en nueve presentaciones, aparecen en los primeros lugares de una cartelera a la que se suman Raúl Horacio Centeno, Julián Avalos y Sebastián Prado. Próximos a debutar se encuentran Amílcar Alassia (hermano de “Piquito” y “Popi” e hijo del gran “Yuli” hoy alejado del gimnasio que funcionaba en el Club Alem de Villa Nueva presuntamente por sugerencias polítícas) y Adrián Farías, pupilo de Julio Kolasa. Y mezcladas entre ellos aparecen “Las Chicas Superpoderosas” Yazmín Marzo y María Ferreyra, campeonas nacionales amateur y con una gran constancia al trabajo.
Este es el lado “B” de aquel disco de un vinilo que ya no se comercializa. Es una apuesta, un ensayo, hay que escucharlos, reclaman un lugar.
Es un tiempo nuevo en el que ya no se escuchan tangos como “El último round”.
“Cuando en el estaño, ya sin un amigo, masticando un tango te quedás dormido, hasta que se juega la última mano y el patrón sacude la tapa del piano.
Cuando ya ni un perro pasa por la calle, vos seguís pendiente de cualquier detalle y vagás buscando restos de ternura, como los cirujas entre la basura”.
El boxeo villamariense tiene ilusiones nuevas de la mano de los reparadores de sueños. Ellos son los que prometen que las noches de ring side se queden para siempre.

 

 

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