Cuando se le empañaban los anteojos era porque las lágrimas le brotaban por la emoción que le producía una jugada colectiva con talento individual incluido. El baby fútbol lo atrapó y se quedó más de una década en Deportivo Municipal de Tío Pujio para luego pasar a las inferiores de Yrigoyen.
Junto a Diego Mutigliengo sembraron, regaron y cosecharon en las canchas de Tío Pujio. «Las chicas son tuyas Diego y serán Panteritas en el básquetbol (fijate tenés más de cien) y los pibes son míos para el baby y luego serán diablos en Yrigoyen» podría haber sido un diálogo casual e imaginario entre ellos y no muy alejado de la realidad.
El verano se despidió en Tío Pujio con la emoción de la familia Fernández en un partido del que hablará la historia por mucho tiempo (padre y tres hijos enfrentados en un encuentro oficial) y el otoño se asomó con esta triste noticia de la sorpresiva partida terrenal de Marquitos Gutiérrez.
Continuar con la siembra, regar y cosechar será el mejor homenaje para honrar un legado.
Se fue otro «enseñador» (título con más méritos que el de técnico y entrenador).
Dejó lecciones, alegrías, copas, medallas…ah y los anteojos empañados de la emoción.

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