Villanovense en su documento, ciudadano de todas las geografías, ofrece su empeño a disposición de las búsquedas colectivas y sabe que el fútbol es un sueño consecutivo de libertad que se ejerce siendo solidario con los otros.

Acostumbrado a hacer y deshacer valijas ofrece un equipaje de valores en cada partido, en cada gol y en cada córner.

Franco Jara, flamante goleador histórico de Pachuca con 70 gritos,  nunca se arrogó protagonismos ni expandió vanidades. Dentro y fuera de la cancha, construyó con los demás y para los demás.

Llegó a México en los primeros días de septiembre de 2015 y desde entonces proclamó a la alegría como objetivo de la existencia, hizo flamear al fútbol como una bandera de la belleza y se comprometió en cada movimiento de su cuerpo extenso a proceder reconociendo que el resto de las personas son tan importantes como uno.

Cae la noche en Pachuca, el estado de Hidalgo. Pachuca tiene una torre del reloj, edificios coloniales, como la Iglesia barroca de San Francisco, y el Museo de Minería, que explora la historia minera de la región. Hidalgo es un lugar que susurra historias. Su pasado minero dejó como herencia preciosos pueblos pintorescos en las montañas. Es hogar de los atlantes, esculturas de guerreros que habitaron en Tula, la fascinante zona arqueológica construida por los toltecas.

Y Franco Jara, a través de la línea telefónica, está predispuesto a hablar, a transmitir sensaciones.

-Estoy feliz, muy feliz, pero tengo unas sensaciones encontradas que no me permiten sentirme pleno. Tiene que ver con la campaña del equipo, la afición está inquieta, espera más de nosotros, entonces siento como que debo ponerle límites a mi alegría.

-Como en la vida misma, los estadíos felices suelen ser efímeros. 

-Es por eso que me permití un breve festejo con mis afectos, con mi familia en la cancha primero en Querétaro y luego adelantándose en el regreso para recibirme y sorprenderme. Pero no pasó de allí, por lo que decía, Pachuca no está pasando por un buen momento y siempre hay que tener en cuenta que debemos priorizar lo colectivo sobre lo individual.

-¿Imaginó varias veces el momento, cómo le hubiese gustado convertir el gol número 70, un festejo especial por tan grato acontecimiento?

-El futbolista tiene muchas horas libres y se imagina todo, hasta los detalles, después viene la realidad y te brinda la mitad o menos de lo que soñaste, aunque en realidad no me quejo porque Pachuca me ha dado mucho más de lo que imaginaba.

Me brindó más de tres años maravillosos, aquí fui campeón, con Pachuca jugué Mundial de Clubes y ahora logré convertirme en su goleador histórico. ¡Qué más podría pedir!

-Volviendo al gol, llegó de la manera menos pensada y no hubo festejo especial.

-(jajaja) nada de nada. Pero el fútbol es así, te da y te quita cosas cuando menos lo pensás. Había tenido en este y en los otros partidos varias situaciones para llegar al gol 70 y lo vengo a convertir justo con una pelota que se desvía en mi pierna y deja sin chances al arquero rival. Casi, casi que no participé.

Recuerdo que la última vez que hablamos dije que prefería hacerlo coronando una jugada colectiva, pero que si se daba la posibilidad de que fuera de penal me iba a hacer cargo, como lo hice siempre,  porque correspondía, ya que soy el encargado de ejecutarlos. Pero ni siquiera eso, fue algo así como que llegué al gol histórico sin darme cuenta.

-¿Sintió alivio después de alcanzar este logro?

-Y… es como que te sacás un peso de encima. Parecía que todos los arcos se me cerraban, porque posibilidades de gol no faltaban pero bueno, ya está. Me saqué esa mochila. Es curioso lo de las sensaciones, tenía que disfrutar de ese camino hacia el gol 70 y en realidad ya me había empezado a afectar psicológicamente. Me tenía nervioso, inquieto. Estas son cuestiones que en los deportistas se dan con mucha frecuencia, por eso no se trata sólo de patear una pelota, hay muchos factores que influyen desde lo psicológico.

-¿Ahora que el récord quedó atrás qué es lo que viene? 

-Todo viene, entre todos tenemos que mejorar como equipo, conseguir buenos resultados y poner a Pachuca en el lugar que se merece, peleando por los títulos.

-En un posteo en las redes, dirigiéndose a los seguidores de Pachuca agradeció el apoyo y brindó por “70 goles más”. ¿Eso significa que tiene definido quedarse en Pachuca?

-Yo voy a aportar todo lo que tengo para contribuir a que Pachuca mejore, ese es mi principal objetivo hoy. El récord quedó atrás y ojalá que ahora más aliviado pueda contribuir con goles que nos permitan victorias. Mi destino quien sabe dónde estará. No miro hacia otro lado que no sea el estadio de Pachuca, el vestuario de Pachuca y el campo de entrenamientos. Allí están orientados todos mis esfuerzos.

-¿Recibió muchas muestras de afecto y felicitaciones tras convertirse en el goleador histórico del club?

-Innumerables, desde todos lados, futbolistas, entrenadores, amigos de mi infancia, de los que fui cosechando en la vida. El francés André-Pierre Gignac, que juega en Tigres, me dejó su saludo, también Gabriel Caballero, el dueño del récord. Son gestos que reconfortan y que se suman a la alegría de poder compartir con tus afectos, en familia, un momento tan especial.

La cena está servida y el goleador sigue hablando, con ganas y agradecido con la vida.

Cuando lo necesita, regresa al olor de los pueblos que lo vieron nacer y aprendemos de la palabra, de las dudas, el silencio y el precipicio. Hubo salto al vacío, desvelo, pánico y también calma. Y esta plenitud de hoy. Una mezcla casi ideal de sueños y realidades. Franco Jara ya está en los libros de historia del fútbol de México. Feliz con su “tribu” en la tierra de los toltecas.

Alberto Arce (p).  Redacción Puntal Villa María

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