Por Alberto Arce (p).

Son apenas cinco peleas con un invicto que hace que muchos ojos se posen sobre su figura.
Es veloz, tiene buena pegada, camina bien el ring, cuenta con una mano que a veces se transforma en un arma de repetición por la celeridad con la que la utiliza, ya llegó a la exigencia de los seis asaltos y también a la de un público que comienza a verlo como una esperanza.
“El Pumita” Estadella aún no es una realidad, pero sí un proyecto puesto en escena, con antecedentes como amateur que lo avalan y, por supuesto, con virtudes que lo potencian.
Está puesto en el camino, ahora tiene que recorrerlo, sabiendo que para tener posibilidades de llegar a los primeros planos no deberá apartarse de esa senda.
Esas condiciones que exhibe y los recursos que irá incorporando necesitan indefectiblemente de un respaldo, el de una preparación permanente.
Jesús Amitrano fue un rival exigente, de esos boxeadores que quizás podrían evitarse en los primeros tramos de una carrera profesional, pero muchas veces para lograr continuidad hay que asumir algunos riesgos. Y púgiles como el mercedino siempre lo son.
Arriba del ring, “El Pumita” ha sabido como salir de situaciones comprometidas. Conoce las vías de escape y las utiliza con una llamativa capacidad para huir cuando el peligro acecha.
En la vida de los boxeadores los mayores riesgos siempre están debajo del ring, en la vida misma.
Por eso será fundamental que Mayco Estadella siga siempre allí, arriba de ese cuadrilátero, donde se boxea, se entrena, se corrige, se perfecciona, se gana, se pierde y cuando esto sucede se vuelve a empezar.
Ya sumó cinco peleas, ya llegó a los seis rounds, ya miró hacia los costados y vio mucha gente esperanzada en sus puños. No es nada comparado con lo que viene, pero es buen comienzo para que tenga claro que el camino es por allí y que no le engañe ningún atajo.

Nota publicada en la edición del domingo 12 de mayo en Puntal Villa María. 

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